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Ingeniería de menú: qué platos de tu carta dejan dinero y qué hacer con el resto

17 min de lectura Publicado el 26 de octubre de 2026

Casi todas las cartas se arman por intuición y se corrigen por sensación: este plato «va bien», aquel «no sale», al de allá «hay que subirle». La ingeniería de menú sustituye las tres frases por dos columnas de números que ya están en tu caja, y el resultado muchas veces no coincide con la intuición.

En esta guía está el método completo, con una carta de ocho platos clasificada de principio a fin: dónde se ponen las dos líneas, qué decisión pide cada cuadrante, cuánto se gana con cada decisión y en qué casos el método se equivoca.

Qué es la ingeniería de menú y qué decide

La ingeniería de menú es cruzar dos datos de cada producto de tu carta: cuántas unidades vendes al mes y cuántos soles de margen deja cada unidad. Nada más. Con esas dos columnas la carta se reparte en cuatro grupos, y cada grupo pide una decisión distinta.

El problema que resuelve es muy concreto: un negocio de comida no suele fallar por un plato, sino por una carta. Puedes tener ocho fichas de costos impecables, todas con el food cost en su rango, y seguir ganando menos de lo que deberías, porque lo que más se vende es justo lo que menos deja y lo que más deja casi no se pide. Eso no se ve mirando los platos de uno en uno: solo se ve cuando los pones en la misma tabla.

Las preguntas que contesta son las que realmente se toman en una reunión de carta:

Y hay una pregunta que no contesta: cuál es tu precio correcto. El precio sale de tu costo y de tu objetivo de food cost, y eso está en la guía de cómo costear un plato paso a paso. La ingeniería de menú llega después, cuando ya tienes el costo y el precio de cada producto y lo que falta es decidir qué hacer con el conjunto.

Los ejemplos van en soles porque casi todo el que usa esta calculadora cocina en Perú, pero el método no tiene moneda: funciona igual en pesos o en euros. Son cifras de ejemplo, elegidas para que las cuentas se sigan con facilidad; las tuyas saldrán de tu caja y de tus propias fichas.

Las dos variables: unidades vendidas y margen en soles

La primera variable no tiene truco: las unidades vendidas en un período, normalmente un mes. Es el dato más fácil de conseguir y también el más fácil de mirar por separado, sin cruzarlo con el otro.

La segunda es el margen de contribución en soles: el precio sin impuesto menos el costo de la receta. Es el dinero que deja cada unidad después de pagar sus propios ingredientes, antes del alquiler, la planilla y la luz.

margen de contribución = precio sin IGV − costo de la receta

Dos precisiones que cambian el resultado, y las dos van en la misma dirección:

El precio va sin IGV. El impuesto no es dinero del negocio, es dinero que recaudas y entregas. Si tu carta dice 40.00 con el IGV de 18% incluido, el precio que entra en la cuenta es 40.00 ÷ 1.18 = 33.90. Trabajar sobre el precio bruto infla todos los márgenes a la vez y, lo que es peor, los infla de forma desigual, porque no todos los platos llevan el mismo precio. Es el mismo criterio que usan las guías de porcentaje de food cost ideal por categoría y de costeo: la base es siempre la venta neta.

Los ejemplos de esta guía usan la tasa general del IGV, 18%. Si tu restaurante es una MYPE acogida a la tasa reducida, en 2026 tu tasa total es de 10.5% y el precio neto sale de dividir entre 1.105 en lugar de entre 1.18: el método es el mismo y solo cambia el divisor. Confírmalo con tu contador o en la página de SUNAT sobre la reducción del IGV para restaurantes y hoteles.

El costo va con la merma incluida. Si en la ficha pusiste el precio de factura del kilo en lugar del costo del kilo útil, tu margen sale más alto de lo que es y los platos que más merma llevan salen beneficiados sin merecerlo. El cálculo del costo útil está en la tabla de mermas y rendimientos por insumo.

Por qué el margen va en soles y no en porcentaje

Esta es la decisión de método que más discusión genera y la que más dinero mueve. La ingeniería de menú no usa el porcentaje de food cost: usa los soles que deja cada unidad.

La razón es que el alquiler no se paga con porcentajes. En la carta que viene a continuación hay un plato con 30% de food cost que aporta 924.00 al mes y otro con 35% que aporta 5,746.00. Si ordenas la carta por porcentaje, el primero gana; si la ordenas por soles aportados, el segundo deja más de seis veces lo que el primero. El porcentaje te dice si un producto está sano por dentro. Los soles multiplicados por las unidades te dicen quién paga las cuentas a fin de mes.

Las dos miradas sirven, pero para cosas distintas, y conviene no mezclarlas: el porcentaje es una señal de alarma por producto, el margen en soles es un criterio de decisión por carta.

Dónde se ponen las dos líneas

Para repartir la carta en cuatro grupos hacen falta dos líneas: una de popularidad y una de margen. Ninguna de las dos es arbitraria, pero una es una convención y la otra es una media exacta. Conviene saber cuál es cuál.

La línea de la popularidad: el 70% de la cuota media

Si tienes ocho platos en un grupo de la carta y todos se vendieran igual, cada uno se llevaría 1 ÷ 8 = 12.5% de las unidades. Esa es la cuota media. La regla práctica más usada baja el listón al 70% de esa cuota media, y lo que quede por encima cuenta como popular:

umbral de popularidad = (1 ÷ número de platos) × 0.70

Con ocho platos: 12.5% × 0.70 = 8.75% de las unidades del grupo. Si el grupo vendió 960 unidades en el mes, el umbral son 960 × 8.75% = 84 unidades. Todo lo que pase de 84 es popular; lo que no llegue, no.

El 70% es una convención del método, no una ley de la naturaleza, y está puesto ahí por una razón razonable: en cualquier carta real unos pocos platos se llevan una parte grande de las ventas, así que exigir la media entera dejaría a buena parte de la carta por debajo de la línea. Si tu carta es muy desigual puedes mover ese 70%, pero entonces apunta el número que usaste y no lo cambies de un mes a otro, porque el valor del análisis está en comparar el mismo criterio contra sí mismo.

La línea del margen: el promedio ponderado

La segunda línea sí es una cuenta exacta, y aquí está el error más frecuente del método: no es el promedio de los márgenes, es el promedio ponderado por las unidades vendidas.

margen promedio ponderado = margen total aportado ÷ unidades totales

La diferencia no es teórica. El promedio simple trata igual al plato que vendiste 260 veces y al que vendiste 25, y eso convierte la línea en un número que no describe tu carta. El ponderado te dice cuántos soles deja, en promedio, cada unidad que de verdad salió de tu cocina. Es el margen de la unidad media, y por eso es la referencia justa para decidir si un plato está por encima o por debajo.

Una carta de ocho platos, calculada paso a paso

La carta del ejemplo es el grupo de platos principales de un restaurante inventado, con las ventas de un mes cerrado. Los precios van sin IGV y los costos incluyen la merma. Las ocho fichas están dentro del rango normal de comida, entre 28% y 35%, así que no hay ningún plato «mal costeado»: ese es justo el punto del ejercicio.

Paso 1: la tabla con los cinco datos

Por cada plato hacen falta cinco columnas, y las dos últimas salen de las tres primeras:

Carta de ejemplo: ocho platos principales, ventas de un mes. Cifras de ejemplo, en soles.
Plato Unidades Precio sin IGV Costo Food cost Margen Aporte al mes
Ceviche clásico26034.0011.9035%22.105,746.00
Pollo a la brasa (1/4)21025.008.7535%16.253,412.50
Causa de pollo15019.005.7030%13.301,995.00
Tallarín verde con bistec12029.008.7030%20.302,436.00
Chaufa de mariscos8038.0013.3035%24.701,976.00
Ensalada de quinua6022.006.6030%15.40924.00
Risotto de hongos5536.0010.8030%25.201,386.00
Tiradito de pescado2532.0011.2035%20.80520.00
Total96018,395.50

La tabla se desplaza hacia los lados si la lees en el móvil.

El margen es la resta de las dos columnas anteriores: el ceviche, 34.00 − 11.90 = 22.10. El aporte al mes es ese margen por las unidades: 22.10 × 260 = 5,746.00. La suma de la última columna, 18,395.50, es todo el margen de contribución que dejó este grupo de la carta en el mes.

Paso 2: las dos líneas

Popularidad. Ocho platos, cuota media 12.5%, umbral 12.5% × 0.70 = 8.75%. Sobre 960 unidades son 84 unidades al mes.

Margen. 18,395.50 ÷ 960 = 19.16 soles por unidad vendida. Esa es la unidad media de esta carta.

La comprobación va al revés, y conviene hacerla con el número sin redondear: 19.161979 × 960 = 18,395.50, el total exacto de la columna. Si multiplicas por el 19.16 redondeado te saldrán 18,393.60, dos soles menos; esa diferencia es el redondeo y no un error. En el resto de la guía se usa 19.16, que para decidir es más que suficiente.

Fíjate en que ese promedio ponderado no se parece al promedio simple de los ocho márgenes. Si hubieras sumado los ocho y dividido entre ocho habrías puesto la línea en otro sitio y dos platos habrían cambiado de cuadrante sin haber vendido ni un plato más.

Paso 3: la clasificación

Cada plato se compara con las dos líneas: 84 unidades y 19.16 soles.

La misma carta, clasificada. Líneas: 84 unidades y 19.16 soles de margen.
Plato Cuota Margen Clasificación
Ceviche clásico27.1%22.10Estrella
Tallarín verde con bistec12.5%20.30Estrella
Pollo a la brasa (1/4)21.9%16.25Caballo de batalla
Causa de pollo15.6%13.30Caballo de batalla
Chaufa de mariscos8.3%24.70Rompecabezas
Risotto de hongos5.7%25.20Rompecabezas
Tiradito de pescado2.6%20.80Rompecabezas
Ensalada de quinua6.2%15.40Perro

La tabla se desplaza hacia los lados si la lees en el móvil.

Antes de pasar a las decisiones, tres cosas que esta tabla enseña y que no se ven en una ficha de costos suelta:

El food cost no predice nada. El ceviche, que es la estrella y aporta 5,746.00 al mes, tiene 35%. La ensalada de quinua, que es el único perro, tiene 30%. Si hubieras ordenado la carta por porcentaje habrías salido a defender la ensalada y a corregir el ceviche. En esta carta hay exactamente dos porcentajes, 30% y 35%, y los cuatro cuadrantes están repartidos entre los dos.

El aporte se concentra. El ceviche solo se lleva el 31.2% de todo el margen del grupo. Los cuatro primeros platos suman el 73.9%. El tiradito, con 520.00, aporta el 2.8%: lo que ocupa en la carta, en la compra y en la cabeza del cocinero no guarda ninguna relación con lo que deja.

Hay un plato que está a cuatro unidades de cambiar de vida. El chaufa de mariscos vendió 80 y el umbral son 84. Es el plato de mayor margen del grupo después del risotto y se queda fuera de la zona popular por un 5%. Un cuadrante no es un diagnóstico: es una posición en una tabla, y algunas posiciones están a un paso de la frontera.

Qué hacer con cada cuadrante, con números

Clasificar no sirve de nada si la tabla se queda en la carpeta. Cada cuadrante tiene una decisión por defecto, y en todos los casos conviene calcular antes cuánto está en juego.

Estrellas: protegerlas y no tocarlas

Se venden mucho y dejan mucho. En la carta del ejemplo, el ceviche y el tallarín verde.

La decisión por defecto es no tocar nada, y es más difícil de lo que parece, porque una estrella es justo el plato al que uno siente la tentación de subirle el precio «ya que se vende tanto». Lo que de verdad hay que proteger es su constancia: la misma receta, la misma porción, el mismo proveedor y el mismo sitio en la carta. Una estrella que se vuelve irregular arrastra el 31.2% del margen del grupo con ella.

Si aun así vas a mover el precio de una estrella, hazlo en pasos pequeños y mide el efecto antes del siguiente. Y si lo que quieres es ganar más con ella sin tocar el precio, el sitio donde buscar es el costo: en un plato de 260 unidades al mes, cada 0.10 de costo que quites son 26.00 al mes sin que el cliente note nada.

Caballos de batalla: ganar céntimos, que multiplicados son soles

Se venden mucho y dejan poco. Aquí están el pollo a la brasa y la causa de pollo. Son el motor del local: entre los dos mueven 360 unidades al mes, más de un tercio del grupo, y aportan 5,407.50.

Hay dos caminos, y los dos se calculan antes de hacerlos.

Subir el precio con cuidado. La causa está a 19.00 sin IGV. Pasarla a 20.00 sube el margen de 13.30 a 14.30 y el food cost baja de 30.0% a 28.5%, que sigue dentro del rango normal de comida. Con las mismas 150 unidades, el aporte pasa de 1,995.00 a 2,145.00: 150.00 más al mes por un cambio que en la carta con IGV se ve como pasar de 22.42 a 23.60.

Pero la pregunta buena no es cuánto ganas si no pasa nada: es cuántas ventas puedes perder antes de que el cambio te salga mal. 1,995.00 ÷ 14.30 = 139.5, o sea 140 unidades. Puedes perder 10 de las 150, un 6.7%, y seguir igual que antes. Comprobación: 140 × 14.30 = 2,002.00, por encima de 1,995.00. Si la subida te costara un 10% de las ventas, 135 × 14.30 = 1,930.50, y habrías empeorado. Ese 6.7% es tu margen de maniobra real, y es un número mucho más útil que la intuición.

Bajar el costo sin que se note. En un caballo de batalla, trabajar la receta rinde como en ningún otro sitio, porque el ahorro se multiplica por muchas unidades. Quitar 0.70 de costo a la causa, que vende 150 al mes, son 105.00 al mes. El mismo trabajo sobre el risotto, de 55 unidades, son 38.50, y sobre el tiradito, de 25, son 17.50. Misma hora de cocina, seis veces el resultado. Cuando tengas que elegir por dónde empezar a rediseñar recetas, empieza por el cuadrante de abajo a la derecha.

Rompecabezas: dejan dinero y se piden poco

Margen alto, pocas ventas. El chaufa de mariscos, el risotto y el tiradito. Es el cuadrante más interesante porque el producto ya está bien: el problema es de visibilidad, de descripción, de precio percibido o de sitio en la carta.

El chaufa es el caso claro. Está a 4 unidades del umbral de popularidad, un 5% más de ventas. Si llegara a 84, aportaría 2,074.80 en lugar de 1,976.00. Y si llegara a las 150 unidades de la causa, que es un objetivo ambicioso pero no imposible para un plato de carta, aportaría 3,705.00: 1,729.00 más al mes sin tocar ni el precio ni la receta. Ese es el tamaño del premio que hay en este cuadrante, y por eso vale la pena trabajarlo antes que ningún otro.

Las palancas son de salón y de carta, no de cocina: subirlo de posición en el bloque donde está, escribir una descripción que diga qué lleva, sugerirlo de viva voz, ponerlo en la pizarra del día. Si después de un mes de empujarlo de verdad sigue sin moverse, es que el mercado ya respondió y el plato pasa a ser candidato a salir.

Cuidado con la tentación de bajarle el precio para que se venda más: un rompecabezas que baja de precio y no sube de ventas se convierte en un perro con la misma popularidad y menos margen. Si vas a probar con un descuento, calcula antes cuántas unidades de más necesitas para que compense; las dos fórmulas están en la guía de cuánto te cuesta de verdad una promoción 2x1.

Perros: mirar bien antes de quitar

Pocas ventas y poco margen. En el ejemplo, la ensalada de quinua: 60 unidades y 15.40 de margen, 924.00 al mes, el 5.0% del grupo.

La decisión por defecto es sacarlo de la carta, pero la decisión por defecto no es automática. Antes de quitarlo, dos comprobaciones.

La primera es el hueco. Si quitas un plato que aporta 924.00, lo que ocupe su sitio tiene que aportar más que eso para que el cambio valga la pena. Con el margen promedio de esta carta, 19.16, un plato nuevo necesita 924.00 ÷ 19.16 = 48.2, es decir 49 unidades al mes para igualarlo. Comprobación: 49 × 19.16 = 938.84. Y una parte de los 60 clientes de la ensalada no se irán al plato nuevo: se irán a otro de los que ya tenías, o a otro local.

La segunda es qué sostiene el plato que la tabla no ve. Una ensalada puede ser la única opción ligera o vegetariana de la carta, y el grupo que la pide puede traer a otras tres personas que sí piden ceviche. Puede usar un insumo que ya compras para otra receta y que sin ella se te queda parado. Puede ser el plato que pide siempre el cliente que viene cada semana. Nada de eso sale en la columna de aporte, y todo eso vale dinero.

Un perro que no sostiene nada y que además complica la compra —un insumo exclusivo, una preparación que ocupa sitio en la cámara— sí es un candidato limpio a salir. Un perro barato de mantener puede quedarse mientras no estorbe.

Tres errores que invalidan el análisis

1. Decidir con el porcentaje de food cost

Es el error que más dinero cuesta y el más fácil de cometer, porque el porcentaje suele ser el número que ya se tiene a mano. En la carta del ejemplo, ordenar por food cost pone a la cabeza a la causa, al tallarín, a la quinua y al risotto, todos con 30%, y al final al ceviche con 35%. Ordenar por aporte al mes pone al ceviche primero con 5,746.00 y a la quinua séptima con 924.00. Son dos listas casi opuestas y solo una de ellas se parece a tu cuenta de resultados.

El porcentaje sigue siendo útil, pero para otra pregunta: para saber si un producto suelto está dentro de su rango normal y si aguanta una subida de insumos. No para decidir qué se queda en la carta.

2. Decidir con pocos datos

Un mes es el mínimo razonable, y en cartas con platos de poca rotación conviene juntar dos o tres. El tiradito del ejemplo vende 25 unidades al mes, que son unas 6 por semana. Una semana con lluvia, una rotura de stock de dos días o un cambio en el orden de la carta mueven ese plato lo suficiente como para cambiarlo de cuadrante sin que haya pasado nada con el plato.

La regla práctica es sencilla: cuanto menos vende un producto, más período necesitas antes de decidir sobre él, y más barata tiene que ser la decisión que tomes. Empujar un rompecabezas durante un mes no cuesta casi nada; sacarlo de la carta después de una semana floja sí.

Y hay dos momentos en los que el análisis directamente no sirve: el mes en que cambiaste la carta y el mes en que cambiaste los precios. Los datos de esos meses describen la transición, no el comportamiento normal.

3. Mezclar categorías en una sola tabla

Meter entradas, principales, postres y cócteles en la misma tabla rompe las dos líneas a la vez. La de popularidad, porque un postre y un principal no se piden con la misma frecuencia. Y la del margen, porque los rangos de food cost son distintos por categoría —comida de 28% a 35%, coctelería de 18% a 25%— y los precios también, así que la media ponderada queda dominada por el grupo que más vende y el resto aparece todo del mismo lado de la línea.

Haz una tabla por grupo de la carta y clasifica dentro de cada una. Si quieres comparar grupos entre sí, compara otra cosa: el aporte total de cada grupo al mes, que es una pregunta distinta y también vale la pena contestarla.

De dónde salen las ventas por plato

Todo el método depende de un dato: cuántas unidades vendiste de cada producto. No hace falta un sistema caro para tenerlo.

Si tienes un punto de venta. Busca el informe que suele llamarse «ventas por producto», «ranking de artículos» o «mix de ventas». Lo que necesitas son dos columnas, producto y cantidad, y un rango de fechas de un mes cerrado. Expórtalo a Excel o a CSV y empieza ahí la tabla. Dos avisos: comprueba si el informe está dando el importe con impuesto o sin él, y revisa que el mismo plato no aparezca con dos nombres distintos por culpa de un botón duplicado en la caja, porque eso parte las ventas en dos y hunde a los dos lados.

Si no lo tienes. Las comandas sirven igual. Una hoja con los nombres de los platos en una columna y una marca por unidad vendida, rellenada al cerrar cada día a partir del talonario, da el mes completo en unos pocos minutos diarios. Si te parece mucho, hazlo durante dos semanas y multiplica por dos: para empezar a decidir es suficiente, y es infinitamente mejor que la sensación de que «este plato va bien».

Con qué frecuencia revisar

Una regla práctica que suele funcionar bien: mirar la tabla una vez al mes y tomar decisiones de carta cada tres.

Mirarla cada mes sirve para ver movimientos y para detectar a tiempo que una estrella empezó a bajar o que un rompecabezas se está moviendo. Pero cambiar la carta todos los meses impide saber si lo que cambiaste funcionó: necesitas un período limpio después de cada cambio para poder comparar. Tres meses es un plazo que deja ver el efecto y no es tan largo como para que se te pase el año.

Hay dos excepciones que piden revisar antes: una subida fuerte del precio de un insumo, que mueve el margen de los platos que lo llevan y por tanto puede mover la línea, y un cambio de temporada si tu carta es estacional.

Lo que el método no ve

La ingeniería de menú es una herramienta honesta mientras se sepa qué mide, y mide una sola cosa: el margen de contribución por unidad vendida. Estas son las cosas que deja fuera, y ninguna es menor.

No ve el tiempo ni el trabajo. Dos platos con el mismo margen en soles no son el mismo negocio si uno sale en tres minutos y el otro ocupa media hora de partida. En una cocina con la capacidad justa, el margen por minuto de trabajo puede ser más importante que el margen por plato, y la tabla no lo registra.

No ve los costos fijos. El margen de contribución es anterior al alquiler, a la planilla y a la luz. Un plato puede estar en el cuadrante bueno y el local perder dinero igual, porque la ingeniería de menú compara platos entre sí, no te dice si el negocio es rentable.

No ve el papel de cada plato. Hay platos que están en la carta para que la gente entre y pida otra cosa, y platos caros que están para que el de al lado parezca razonable. Los dos suelen clasificar mal y los dos pueden estar haciendo bien su trabajo.

Depende del período y del grupo. Las líneas se mueven si cambia la carta, si cambia la temporada o si quitas un plato: al sacar uno, los otros se reparten sus unidades y el umbral se recalcula. Un cuadrante es una foto de un mes con una carta concreta, no una etiqueta permanente.

Y es sensible a dónde pones las líneas. El 70% de la popularidad es una convención y el promedio ponderado depende de la mezcla de ese mes. Los platos que están lejos de las líneas son clasificaciones firmes; los que están cerca, como el chaufa a cuatro unidades del umbral, son avisos de que hay que mirarlos, no veredictos.

Nada de esto invalida el método. Lo sitúa: la tabla te dice dónde mirar y cuánto hay en juego, y la decisión sigue siendo tuya con lo que sabes del local.

Qué hacer esta semana

  1. Saca las unidades vendidas del último mes cerrado de un solo grupo de la carta, el de principales. No de toda la carta: de un grupo.
  2. Pon al lado el precio sin IGV y el costo con merma de cada plato y calcula las dos columnas que faltan, margen y aporte al mes. Si no tienes las fichas al día, costea primero los cuatro que más vendes: con esos cuatro ya vas a ver la mitad de la historia.
  3. Traza las dos líneas: el 70% de la cuota media para la popularidad y el aporte total dividido entre las unidades totales para el margen. Clasifica.
  4. Elige una sola decisión, la del cuadrante de los rompecabezas, que es la más barata de probar y la que más margen tiene por ganar. Empuja un plato durante un mes y vuelve a mirar la tabla.

Si quieres saltarte la hoja de cálculo, la calculadora de food cost de CartaRentable guarda tus recetas con las unidades que vendes al mes, traza las dos líneas sola y te devuelve la matriz y la clasificación de cada producto, separando platos y bebidas. Y si la carta que vas a analizar tiene barra, la guía de cómo costear un cóctel con hielo, garnish y merma de barra explica cómo llegar al costo real de cada trago, que es el dato que la tabla necesita para que la mitad líquida de tu carta no quede fuera del análisis.

Preguntas frecuentes sobre ingeniería de menú

¿Qué es la ingeniería de menú?

Es cruzar dos datos que ya tienes de cada producto: cuántas unidades vendes al mes y cuántos soles de margen deja cada unidad. El cruce reparte la carta en cuatro grupos y cada grupo pide una decisión distinta: proteger, subir el precio, dar visibilidad o retirar.

¿Por qué el margen va en soles y no en porcentaje?

Porque el alquiler se paga con soles, no con porcentajes. En la carta del ejemplo hay un plato con 30% de food cost que aporta 924 soles al mes y otro con 35% que aporta 5,746: el porcentaje dice si el producto está sano, los soles multiplicados por las unidades dicen quién paga las cuentas.

¿Dónde se pone la línea de la popularidad?

La regla práctica más usada es el 70% de la cuota media. Con ocho platos la cuota media es 12.5% de las unidades, y el 70% de eso es 8.75%: todo lo que venda por encima de ese 8.75% cuenta como popular. Es una convención, no una ley, y puedes mover el umbral si tu carta es muy desigual.

¿Cuántos datos necesito para que el análisis sirva?

Un mes completo de ventas por producto, como mínimo, y mejor dos o tres. Un plato que vende 25 unidades al mes son unas 6 por semana: una semana floja o una carta mal impresa lo mueven de cuadrante sin que haya cambiado nada del plato.

¿Puedo meter platos y bebidas en la misma tabla?

No conviene. Un cóctel y un plato principal no compiten por el mismo pedido y tienen rangos de food cost distintos, así que la media ponderada sale falseada y las bebidas aparecen todas por debajo de la línea. Haz una tabla por grupo de la carta: entradas, principales, postres y barra.

¿Hay que sacar de la carta todos los perros?

No automáticamente. Antes mira si el plato sostiene algo que la tabla no ve: una opción vegetariana, un insumo que ya compras para otra receta o el plato que pide siempre un cliente habitual. Y mira el hueco que deja: si el perro aporta 924 soles al mes, lo que lo sustituya tiene que aportar más que eso.

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Analizar mi carta

En el índice de guías de costos para cocina y barra está el resto de la serie.

Esta guía analiza un grupo de la carta con los datos de un mes. Para armar la carta entera desde cero, fijar los precios de todos los grupos a la vez y repetir la revisión cada trimestre sin volver a empezar, está el libro Costeo de carta completa desde 0.

Las cifras son ejemplos y los resultados de la calculadora son orientativos. CartaRentable no constituye asesoría contable ni financiera.